domingo, 7 de febrero de 2016
viernes, 29 de enero de 2016
#07 (Back to the Future)
El sacrificio es una opción voluntaria. Nadie te dice qué tienes que hacer ni qué tienes que decir. Sale de la voluntad de la propia persona. Y nadie dijo que el camino fuera fácil. El sacrificio trae consigo un dolor intenso, que siempre puedes renunciar a él, pero que nunca llegas a hacerlo, por muy doloroso que pueda resultar.
Una voluntad de estas características, hace que la misma acción sea intensa. Verdadera. Esencialmente pasional. La emoción que une la ejecución de esta conducta, es simplemente hermosa. Es un sentimiento de amor puro, que hace al sujeto emisor disfrutar, incluso, con su única conducta.
Cuando se habla de placer en este caso, queda descatalogada por excelencia la tipología morbosa. El placer que acompaña al sacrificio, siempre será de lo más extraño para la mayoría de los seres humanos. Se trata de algo puramente altruista que, ningún psicólogo de corte evolutivo, podría dar explicación alguna utilizando toda su batería teórica neodarwinista.
El tema es así de simple. Así de único y exclusivamente propio. No elabores más conspiraciones contra él. Las murallas ya han sido levantadas.
viernes, 9 de octubre de 2015
Contándole a la Dignidad
Cuentos de angustia, recuerdos de un pasado reciente y llamadas absurdas. Rezos sin dios divinizado que acuden a ti para que vengas y te presentes, con dos ostias bien dadas en cada mejilla, para hacer consciente lo subconsciente, o lo que no se quiere ver, aun teniéndolo delante. Poséeme y actúa con mi cuerpo, porque mi razón quedó anulada y ya no hay nada, sólo emoción absurda que me inunda y me desborda hasta la saciedad y la médula, hasta mis órganos maltrechos y finitos, deshonrados por la sangre que sale a través de mis orificios.
Llámele usted oración, petición o infidelidad cristiana. Sólo quiero que vengas y hagas de mí, por fin, un ser digno; con vergüenza, orgullo y coherencia, esa que perdí desollando mis rodillas ante ti, no usted, sino aquél otro, por el cual acudo a usted, Señora Dignidad.
Así, una vez más, aprovechando el despertar de los adjetivos divinizados, maldigo a la Emoción, que tan mal hace a aquellos que salen mucho con la Impulsividad. Mándele usted, Dignidad, a la reverenda mierda. Por hacer de mí un ser indigno, despojado de placeres egocéntricos. Un ente sin forma, extraño y aborrecido. Una manzana mancillada y, para más inri, podrida; que pide amor sin tener que pedirlo, que llora por quién mientras ríe, que pide perdón cuando debe recibirlo o soporta, en silencio, la cal más cal de todos los universos paralelos.
Venga a mí, Dignidad. Apiádese de mí, oh, mi dulce Dignidad.
Llámele usted oración, petición o infidelidad cristiana. Sólo quiero que vengas y hagas de mí, por fin, un ser digno; con vergüenza, orgullo y coherencia, esa que perdí desollando mis rodillas ante ti, no usted, sino aquél otro, por el cual acudo a usted, Señora Dignidad.
Así, una vez más, aprovechando el despertar de los adjetivos divinizados, maldigo a la Emoción, que tan mal hace a aquellos que salen mucho con la Impulsividad. Mándele usted, Dignidad, a la reverenda mierda. Por hacer de mí un ser indigno, despojado de placeres egocéntricos. Un ente sin forma, extraño y aborrecido. Una manzana mancillada y, para más inri, podrida; que pide amor sin tener que pedirlo, que llora por quién mientras ríe, que pide perdón cuando debe recibirlo o soporta, en silencio, la cal más cal de todos los universos paralelos.
Venga a mí, Dignidad. Apiádese de mí, oh, mi dulce Dignidad.
lunes, 22 de junio de 2015
Material de disección
Hola, te echo de menos...
Voy a coger tu cerebro y voy a sacarlo de esa cárcel que forma tu cráneo.
¿De nuevo me borras?
Lo abriré, lo cortaré. Separaré tu neocortex cerebral del resto de estructuras subcorticales. No quiero más, no necesito más.
Mis cosas malas no es que sean insignificantes, es que son realmente malas.
Diseccionaré, aislaré cada neurona, localizaré cada conexión, cada sinapsis. Voy a colocar dos lupas en mis ojos y a manchar mis manos con tu sangre.
Voy a lamer tus heridas y destripar tus entrañas; y así, por fin, voy a entenderte de una puta vez.
Voy a coger tu cerebro y voy a sacarlo de esa cárcel que forma tu cráneo.
¿De nuevo me borras?
Lo abriré, lo cortaré. Separaré tu neocortex cerebral del resto de estructuras subcorticales. No quiero más, no necesito más.
Mis cosas malas no es que sean insignificantes, es que son realmente malas.
Diseccionaré, aislaré cada neurona, localizaré cada conexión, cada sinapsis. Voy a colocar dos lupas en mis ojos y a manchar mis manos con tu sangre.
Voy a lamer tus heridas y destripar tus entrañas; y así, por fin, voy a entenderte de una puta vez.
domingo, 31 de mayo de 2015
#06
Aquellos tristes pares,
que dejaron de hablar en primera persona del singular para poder hacerlo en plural,
perdieron toda su identidad,
desechando su cerebro individual para compartir un único para dos.
que dejaron de hablar en primera persona del singular para poder hacerlo en plural,
perdieron toda su identidad,
desechando su cerebro individual para compartir un único para dos.
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